Navidad: las cartas a los Reyes Magos y a Papá Noel se llenan de peticiones infantiles de perritos y gatitos, de peces y conejitos. Es uno de los regalos recurrentes para los niños en estas fiestas, una animalito. Y es ahora cuando nos toca a nosotros, los «mayores», comportarnos como personas responsables. La adquisición de una mascota no puede ser ni un acto impulsivo ni fruto del capricho momentáneo de estas fechas. Sí, los cachorritos son adorables, con sus enormes ojotes y su aspecto de peluche, pero nunca debemos olvidar que se trata de seres vivos. Y, según la Fundación Affinity, aproximadamente el 30% de los cachorros que se regalaron en la última Navidad fueron abandonados o entregados a protectoras entre Semana Santa y el verano. Claro, cuando jugaban al pie del árbol entre los papeles de regalo eran muy monos, pero luego hay que sacarlos a pasear, limpiar sus cacas, educarlos pacientemente, cambiarles la arena, darles de comer…; los niños se cansan pronto de la novedad y ocuparse de todas esas cosas ya no les hace gracia a sus padres. Y, cuando los abandonan, estos padres se están comportando con gran irresponsabilidad delante de sus hijos, les están mostrando un comportamiento muy cruel, de lo peor que se le puede enseñar a un niño.

Niña con un perro ¿regalar en Navidad?

Perros y gatos viven más de diez años -algunos gatos, bien cuidados, pueden alcanzar los veinte-, así que adoptar una mascota significa adquirir un compromiso a largo plazo. Como va a ser una relación larga, es necesario valorar en qué aspectos se va a ver afectada la vida familiar y cómo se integrará el nuevo miembro. Es una decisión que puede llevar su tiempo y debería estar consensuada por toda la familia. Y eso no se puede hacer abiertamente si se trata de regalos navideños.

Lo primero que los padres deben hacer es asegurarse de que sus hijos desean de verdad convivir con un animal, que no se trata de un capricho y tienen en cuenta las tareas y responsabilidades que ello implica. Seguramente ya se habrá tenido una serie de pistas. Desde luego, si los niños no han pedido explícitamente una mascota como regalo, la idea de regalarles un animal no debe pasarse nunca por la cabeza. Solo traerá problemas al niño, a los padres y, sobre todo, al animal.

Cuando nuestro hijo o nuestra hija lleva mucho tiempo con el deseo de tener un animal de compañía e insiste continuamente con lo mucho que lo querrá y lo cuidará es cuando nos lo podremos empezar a plantear. Pero, en este caso, lo mejor es hacer partícipe al niño de todo el proceso de búsqueda y adopción. Juntos, es más fácil que se encuentre la mascota adecuada para la familia. Además, al niño le dará igual que el cachorro aparezca el 25 de diciembre, el 6 de enero o el 30 de abril: lo que le importará de verdad es la posibilidad de tener un nuevo amigo.

Antes de dar el paso habrá que informarse de las costumbres y necesidades del animal que vamos a introducir, valorar el espacio disponible, el tiempo que se le va a poder dedicar… En definitiva, saber si la familia puede asumir las obligaciones que conlleva o hay que buscar otro tipo de mascota más compatible. La llegada del animal no debería tomarse como la adquisición de una nueva posesión, que es lo que parece indicar un regalo, sino como la inclusión de un nuevo miembro de la familia que también tendrá sus propios derechos. Hemos de recordar, en este punto, que al adquirir un animal de compañía se adquieren una serie de responsabilidades legales (inscribirlo en el ayuntamiento, ponerle el microchip…).

Los niños demasiado pequeños no van a diferenciar entre los cachorros y otros juguetes como los peluches, así que en este caso, mejor esperar. Sin embargo, diversos estudios indican que a partir de los cuatro o cinco años de edad, los niños ya saben que los animales tienen sentimientos, que no son objetos sino seres vivos que se deben cuidar, alimentar y respetar. Ya no los ven como juguetes, sino como compañeros de juegos. A esta edad, crear un vínculo con una mascota puede ser muy beneficioso y enriquecedor para un niño.

Niño y cachorro

Y no nos engañemos: los más pequeños podrán ayudar en pequeñas tareas, pero el peso del cuidado recaerá en los padres. Con los niños mayores habrá que ser más inflexibles. Aunque se les ayude, deberán asumir su responsabilidad y el compromiso que se adquiere al pedir una mascota de regalo. Los que asuman esa responsabilidad con agrado verán su vida recompensada, os lo aseguramos. Y es muy beneficioso. Convivir con animales, sobre todo con perros o gatos, fomenta en los pequeños la actividad física y les ayuda a reducir el estrés; además, se convierten en un apoyo emocional muy importante que les ayuda a superar situaciones de miedo y tristeza. Cuidar de un animal fomenta en los niños el sentido de la responsabilidad y su capacidad de empatía.

Antes de comprar un animal en una tienda, siempre recomendaremos la adopción. Adoptar un animal de un refugio o una protectora se convierte, en realidad, un gran regalo: un gran regalo para el animal. Le estaremos dando la posibilidad de iniciar una nueva vida; una vida digna con gente que lo querrá y lo cuidará para siempre.

Fuentes
http://www.fundacion-affinity.org/perros-gatos-y-personas/busco-una-mascota/regalar-un-perro-o-un-gato-en-navidad-buena-o-mala-idea
http://www.rtve.es/alacarta/audios/gente-despierta/gente-despierta-segunda-hora-23-12-15/3419378/

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