Había una vez, en un lejano rincón africano, un viejo nigeriano del pueblo hausa al que le encantaba contar muchísimas historias. Todas las tardes caminaba largos kilómetros para ir a sacar agua del pozo para su casa, y a su regreso siempre se detenía en una piedra a descansar. Y allí, pronto se acercaban todos los niños de su pueblo y se sentaban a su alrededor para escuchar sus historias.

-¿Qué cuento contarás hoy, Bayajida? -gritó un día uno de los niños.

Y el viejo, secándose el sudor de la frente, miró seriamente a todos los que le rodeaban y después sonrío. Los niños, acostumbrados a su sonrisa, rieron con él; y entonces, el viejo Bajayida comenzó su historia:

-Vosotros sabéis que somos un pueblo de granjeros y agricultores -comenzó Bajayida-, y criamos animales: cabras, gallinas…
-¡Mi papá tiene tres gallinas! -gritó uno de los más pequeños.
– Bien -continuó Bajayida-, pues cierto día, una de las gallinas picoteaba en el suelo buscando lombrices y pasó un pájaro del bosque. Al observar a la gallina, se posó en una de las ramas y le preguntó: “Gallina ¿y tú por qué no vuelas? Al fin y al cabo tienes alas como las demás aves”. A la gallina, por supuesto, le molestó que aquel pájaro se metiese en lo que no le importaba y le gritó que se largara. Pero el pájaro le siguió hablando: “Tu amo no tardará en asarte, más vale que te escondas en el bosque”.

La gallina no prestó atención en ese momento a aquella palabras. Pero pronto se enteró de que era cierto que su amo pensaba asarla. Y se quedó muy triste y preocupada. El pájaro la vio tan mal que se le acercó y le dio un consejo: “Lo que tienes que hacer es poner un huevo cada día. Si lo haces así, tu amo tendrá qué comer y te dejará vivir”.

Así lo hizo la gallina, y así fue como se salvó. Y quedó muy agradecida al pájaro del bosque por el consejo que le había dado.
La gallina que se salvó de la muerte
Y ahora mis niños, como estáis muy agradecidos por mi historia, me dejaréis ir a mi casa, que me espera mi hija para preparar la cena.

-¿Mañana nos contarás otro, Bajayida?
-Mañana y todos los días -dijo sonriendo el viejo, que se fue feliz a su casa con el agua mientras los niños empezaron a jugar a perseguir gallinas.

La gallina que se salvó de la muerte está basado en el Cuento del pueblo hausa, Nigeria.

Si queréis escuchar este cuento de viva voz, pinchad aquí

 

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